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>>>> El irresistible poder del entusiasmo
13/11/2015

 

El otro día una persona especialista en técnicas efectivas de búsqueda de empleo, dejaba la siguiente reflexión en twitter: “Recuerda, nada vende mejor que el entusiasmo”.

 

Hace unos días, en su post Y tú… ¿qué vendes?, Noemí Vico apuntaba respecto a un hipotético candidato en una entrevista de trabajo: “Si demuestras signos de pereza, cansancio o desmotivación (...); si pones cara de asco (...); si resoplas ante determinadas preguntas (...); si no tratas de generar confianza... son cosas que no me van a gustar como empleador”.

Una persona entusiasmada, que vibra, que le brillan los ojos, está en flow (no dejes de leer Flow (Fluit): una psicología de la felicidad, de Mihaly Csikszentmihalyi), y esa es la mejor garantía para conseguir resultados y aunar a los equipos. En el post La magia de pensar a lo grande escribíamos: “Las personas entusiastas, con lo que dicen o hacen, siempre generan seguidores entusiasmados”.

Los equipos se construyen con muchos ingredientes, pero sobre todo con energía, mucha energía, entre otras cosas porque cuanto más grande es el reto más energía se requiere. La energía es el oxígeno que da vida a los equipos de trabajo. Personas aplatanadas, resultados pobres; personas con altas dosis de energía, grandes logros. Ya Jack Welch, ex CEO de General Electric y autor de Hablando claro, decía: “El mundo será de los líderes apasionados y con empuje; gente que no sólo tenga una cantidad enorme de energía sino que pueda proporcionársela a aquellos a quienes conducen”.

Miguel Milano, cuando era Vicepresidente de Oracle para España y Portugal (hoy como Presidente de EMEA, Londres), me contó la siguiente anécdota:

Cuando llegó a Oracle le dijo a la gente que no cogiera ninguno de los cuatro ascensores que hay en las oficinas. A día de hoy hay mucha gente va por las escaleras. Esto lo aprendió en su etapa de consultor en Mckinsey. Cuando el director de la compañía recibió a la clase del 96, les dijo: “Muy pronto voy a saber quién va a tener una buena carrera en este negocio”. Todos se miraron y pidieron que les dijera el secreto. Y contestó: “El edificio tiene 8 plantas, y dos ascensores, a los que me encuentre en las escaleras ésos son los que van a triunfar, porque son gente que no puede esperar a que venga el ascensor”. Luego continuó y dijo: “Además, voy a saber los que van a llegar a ser socios”. Todos se volvieron a mirar y él prosiguió: “Aquellos que vayan por las escaleras saltando los escalones de dos en dos, esos serán los que mejor carrera profesional tengan en la firma”.

Pero, ¿de dónde viene la palabra Entusiasmo? Ya lo hemos explicado en otras ocasiones, pero lo volvemos a repetir. La etimología de la palabra Entusiasmo procede del griego En-Theos, esto es, Theos (Dios) y En (Dentro): una fuerza superior actúa a través de nosotros, a través de nuestro interior.

Ahora todo se comprende; ahora todo se entiende; ahora toda adquiere significado. Y por eso tal vez el filósofo británico Betrand Russell afirmó: "El entusiasmo es un motor indispensable a la perfección". Así lo pienso también yo.

El entusiasmo está en todos los sitios y en todos los momentos, tanto en la vida profesional como personal. Entusiasmo es vida; entusiasmo es actitud. Y perder el entusiasmo es ir languideciendo un poco. Con los años, parece que va mermando, en cierto modo porque uno cree que está de vuelta de todo; el escepticismo se apodera de las personas. Por eso, hay que renovar continuamente la capacidad de entusiasmarse y emocionarse para estar vivos y al mismo tiempo entusiasmar a los demás. Porque si uno no está cargado de energía, los demás lo perciben. Y ya sabemos que las emociones son contagiosas.

El entusiasmo es una fuerza irresistible a la que no es fácil contenerse. Cuando una persona actúa con entusiasmo, todo en él invita a unirse a ese proyecto que nos propone. Hay una energía que nos arrastra a acompañarle; uno quiere ser partícipe de esa aventura tan atractiva que nos plantea y compartir minutos con esa persona. El entusiasmo tiene una gran poder seductor; te carga y hace sentir vivo. No es casual que Gregorio Marañón dijese: “La capacidad de entusiasmo es signo de salud espiritual”.

 

Francisco Alcaide Hernández

www.franciscoalcaide.com

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