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11/09/2015

 

El fútbol, como instrumento educativo, es capaz de fomentar su práctica en una educación en valores a toda la sociedad deportiva, mediante las buenas formas y ejemplos positivos. Los entrenadores podríamos impulsar, a través de él, las virtudes humanas más nobles, ofreciéndole a sus participantes la posibilidad de hallar la confianza, el trabajo en equipo, la superación personal, el valor del esfuerzo, la disciplina, en definitiva, lo mejor de uno mismo.

 

Son necesarias iniciativas para fomentar la deportividad entre nuestros jugadores mientras les inculcamos, a la vez, los mejores valores, para que su actividad, además de una fuente de salud, lo sea también de bienestar personal, y un ejercicio de compañerismo, también con los rivales. Cuando termina el partido, lo que se inculca es el saludo y la felicitación por el esfuerzo realizado; y la competencia en el campo debemos enfocarla hacia la amistad dentro y fuera de él. Guiemos, como educadores, a los más jóvenes a que sean mejores personas, a que sean ciudadanos más solidarios a través de nuestra dirección. En el fútbol base debe primar la educación, formando el carácter de los más jóvenes, mediante determinados valores sociales y personales. Actualmente, el modelo futbolístico dominante presenta conductas no deseables que desvinculan a los adolescentes de la imagen que se tiene del deporte como instrumento educador.

El entrenador de hoy, debe utilizar de forma adecuada estas capacidades, para que aprendan a competir contra sí mismos, a ganar y a perder, a reconocer sus barreras y facultades, a superar errores y a respetar a los contrincantes. Aquí, en este nuevo fútbol, fomentaremos el fairplay y lo convertiremos en un factor determinante. Nuestros jugadores deben sentirse satisfechos de promover el juego limpio, de jugar de forma honrada y justa. El fútbol debe ser el medio ideal para conseguir que los niños asimilen los valores que aplicarán en su vida diaria. Los formadores debemos dirigir nuestras experiencias deportivas, con el único fin de canalizarlas para obtener los beneficios adecuados. El respeto será uno de los principales valores para obtener conductas adecuadas en nuestro grupo.

Nuestras tareas estarán apoyadas en ciertos roles sobre los que trabajaremos:

  • Haremos cumplir a nuestros jugadores las reglas del deporte, tratando de hacer amigos con el fútbol.
  • El entrenador dirigirá su equipo hacia el juego limpio, ofreciendo a todos los deportistas las mismas oportunidades.
  • Ayudaremos al equipo arbitral, comprobando las dificultades que conlleva su labor y exigiendo a nuestros alumnos obediencia.
  • Exigiremos a nuestros seguidores que animen al equipo de la mejor manera, aplaudiendo el esfuerzo y respetando a todos los participantes.

 

Caballeros del balón

El fútbol del siglo XXI ha acabado con un gran número de estereotipos y reglas que parecen desfasadas para el jugador actual. Además, la caballerosidad dentro del terreno de juego ha sido objeto de debate, planteando si el hecho de que cuando el futbolista tira el balón fuera del campo, ante la posible lesión rival, es un indicativo de atención o, por el contrario, un anticuado signo inocente. Tantas críticas recibe esta acción deportiva que quisiera proponer la recuperación de viejos valores y buenos modales, eso sí, adaptados a las nuevas costumbres. Sugiero centrarnos en pequeñas estrategias para reforzar la imagen de nuestro equipo frente a otras, contrarias, vulgares, más utilizadas por los demás y muy cercanas a aquella frase tan nefasta: “al enemigo ni agua”.

Puede que los trajes ajustados, peinados modernos y buenos relojes te aseguren ir a la moda, pero eso no significa que quienes los usen puedan ser clasificados como “caballeros”. Me gustaría convencer a los protagonistas del balón con algunas sugerencias para conseguir ser un deportista educado. Esto es tan aplicable para jóvenes, como para adultos. Así que si vas a tener en cuenta este artículo, ten presente las siguientes cuestiones:

Respetuoso y amable con todo el mundo. Un caballero de verdad debería ser amable y respetuoso con todos. Sin importar el puesto que ocupe, ni al equipo que pertenezca.

Apoya los sueños y metas de tu equipo. Un caballero debe respetar sus ambiciones y la del grupo al que pertenezca. Incluso si estas parecen difíciles de lograr. Nunca deberías esperar que alguien te apoye en tus metas y sueños si tú no lo haces por ti mismo, ya sea en lo emocional o lo deportivo.

Se honesto y sincero. Es poco probable que un caballero se involucre en líos absurdos que puedan ocurrir con un rival en un partido, con un directivo en el club o con un aficionado en la grada.

No abandones el equipo cuando las cosas se ponen difíciles. El fútbol no siempre da alegrías. Algunas situaciones serán increíblemente duras de soportar. Un caballero no huye cuando las cosas se complican.

Sé puntual. Respetar el tiempo de los demás es uno de los principios de caballerosidad que siempre debemos tener presentes.

Atiende las conversaciones, no te distraigas. La falta de atención, a veces, también forma parte de la vida de los caballeros. A la hora de asistir a una charla del equipo, bajo ningún concepto debemos dar la sensación que no nos interesa y mucho menos debemos distraer la atención de los demás compañeros.

No utilices las redes sociales para enemistarte. Las redes sociales también forman parte de la vida del buen deportista. Una mala costumbre de los más jóvenes es meterse en peleas en la red. Evitemos vernos envueltos en discusiones, actuemos siempre con cortesía y, si cometemos un error, pidamos disculpas.

Vigila tu lenguaje y evita los tacos. La pasión en el deporte provoca que todo el mundo se permita soltar una palabra malsonante de vez en cuando. Debemos intentar eliminar de nuestro vocabulario los tacos. Algunos términos humillantes dicen mucho de lo que realmente pensamos.

Comprométete. Los caballeros saben que el compromiso es un requisito indispensable para que la relación jugador, entrenador, equipo y club sea feliz y sana. Sin importar sus propias necesidades, toman en consideración las opiniones y necesidades de sus miembros.

Ayuda a los demás. Los caballeros se esfuerzan muchísimo para ayudar a quienes los rodean, ya sean compañeros, familiares o rivales. No digo con esto que sean inocentes, pero los actos de bondad en el deporte siempre son bienvenidos.

Pide perdón y da las gracias. Es fácil y cuesta muy poco esfuerzo, pero la utilización de estas fórmulas de cortesía mejorará sensiblemente nuestra imagen ante los demás. Ser educado nos hará jugar mucho mejor.

El equipo es lo primero. No envidies a otros compañeros. El equipo es la prioridad de un caballero. Jugar donde diga el entrenador, acatar sus decisiones, no abusar del balón. El equipo lo es todo para ellos.

Las acciones valen más que las palabras. Un caballero es alguien cuyas acciones tienen una trascendencia mayor que sus propios intereses. Haz las cosas bien o mejor no las hagas.

 

Entrenar la deportividad

A día de hoy, responsables de fútbol base pretenden profesionalizar a los niños con un nivel de exigencia deportiva incompatible con su edad, ignorando que en la mayoría de los casos ninguno llegará a ser profesional. El fútbol moderno es compatible con la educación, la cultura y los buenos modales. Pero casi siempre hay alguna cosa que condiciona nuestra labor; el tiempo, por ejemplo, es una de ellas. Durante una sola temporada es muy difícil educar a nuestros discípulos. En ocasiones hasta es necesario educar la propia política del club. Intentamos que los jugadores sientan lo que es vestir su camiseta, sean un ejemplo de deportividad, respeto por los rivales, compromiso y sentimiento positivo en sus colores, su escudo y los valores que la institución representa.

Uno de nuestros retos será aplicar la deportividad aunque vaya en contra de nuestros propios intereses, aunque ello implique un sacrificio personal. Debemos ser capaces de establecer en nuestro equipo actitudes que no sean artificiales, como disculparse con el rival tras una falta cometida, preocuparse por el estado físico de un oponente lesionado, admitir las propias faltas o llegar más allá y saber reconocer el error del árbitro aunque nos beneficie.

 

Del conocimiento a la acción

Considero fundamental unas pautas para que el programa que pretendamos llevar a cabo logre la transmisión de valores a través del fútbol y nos lleve al éxito. Un entrenador tratará de promover permanentemente relaciones conscientes entre el conocimiento y su acción docente cotidiana. Es el paso de la teoría a la práctica.

Nuestras buenas intenciones no las podremos poner en práctica si desconocemos los modelos para entrenarlas o si no les dedicamos el tiempo suficiente. No bastará con formar a nuestros jóvenes en el conocimiento del bien, sino que debemos hacer que actúen bien sobre el campo. Conocer el comportamiento adecuado es condición necesaria, pero no suficiente. Debemos incluir un acuerdo personal, una manera de actuar responsable.

Los entrenamientos son fundamentales para trabajar las conductas, pero lo es más tener un objetivo claro: adaptarlas a los partidos, a todos los partidos, complicados o sencillos, en momentos importantes o secundarios. Si acordamos que todos los chicos jueguen el mismo tiempo, independientemente de sus destrezas, el día del partido importante es cuando más en cuenta tendremos esta norma. Más adelante mediremos si las conductas de nuestros jugadores se transforman hacia una mejor deportividad en la competición, tras nuestros entrenamientos. Estas experiencias debemos compartirlas con nuestros compañeros de profesión. Es la mejor manera de mejorar.

 

Conductas de entrenador

En muchas ocasiones encontramos entrenadores que convierten en pequeños “actores” a los jugadores de su equipo, obligándolos a dar la mano al rival, en un gesto ficticio de deportividad, ya que durante el encuentro sus instrucciones nada tienen que ver con eso. Durante la competición dirigen mediante conductas agresivas o violentas. Estas infracciones deportivas suelen ser imitadas por sus discípulos, produciéndose un incremento de malas formas. Sus comentarios malsonantes no hacen más que transmitir una agresividad que el niño no entenderá. Estos entrenadores no están cualificados para dirigir correctamente equipos de niños en edad de formación, pero la verdadera culpa la tienen los que obligan a los niños a recibir esa educación.

La formación de entrenadores en el fomento de la deportividad es una asignatura pendiente en clubes y escuelas de entrenadores, y reconozco que en la mía es un reto a plantear. Deberán incluir, en sus cursos de capacitación, técnicas eficaces en el uso y control de conductas deportivas y antideportivas.

 

Entrenar soñando

La deportividad significa mucho más que el simple respeto de las reglas. Más que una actitud, es un modo de pensar. El trabajo del entrenador consiste en ponerla en práctica. Cuando uno entrena, no solo elige sus tareas, sino también en qué convertirá a los que entrena. Intentamos transmitir e influir sobre nuestros jugadores, contagiando el buen comportamiento y los valores positivos del fútbol a toda la familia deportiva. La fórmula consiste en aprender de las conductas positivas que se den en cualquier actividad, como una labor educativa que nos compete a todos: padres, amigos, educadores y entrenadores, responsables públicos, medios de comunicación y al resto de la sociedad en su conjunto.

Se me podría tachar de soñador. Soñar con un proyecto es parte fundamental en la vida de un entrenador. Si a estos sueños no les asocias acciones, jamás llegarán a convertirse en realidad. A veces somos tan ilusos que todo en nuestra mente gira alrededor de forma positiva y pacífica, olvidándonos de los obstáculos que se puedan presentar. Es el precio a pagar como educadores para conseguir objetivos.

Yo seguiré soñando y os aseguro que, a veces, mirando alrededor no tengo mucho con qué hacerlo. No me hace desfallecer. Vuelvo a soñar con entrenar futbolistas, aquellos que le sacan una sonrisa tanto a la pelota, como al público que los admira, los que hacen que te sientas orgulloso de ellos, de tu equipo, de tu trabajo. Entreno soñando con ser un entrenador al que se le reconozca su labor. Sueño con que se recuerde a mi equipo. Sueño con formar futbolistas educados. Sueño con forjar señores de fútbol.

 

Pedro Meseguer Díez

Técnico Deportivo Superior de Fútbol y Entrenador Nacional

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