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23/06/2015

 

Educar a los niños con el ejemplo, para que sean buenos deportistas.

 

Siempre he pensado que los “grandes deportistas” deben ser un ejemplo a seguir por los jóvenes, tanto en la práctica deportiva como en su comportamiento en la vida. Estrellas del deporte que nunca niegan un autógrafo a sus fans, sobre todo niños, que se acercan a ellos, antes o después de un partido, o algo más sencillo, saludar. Con un saludo puede ser suficiente.

Sin embargo, otros deportistas de primer nivel, que ganan millones de euros al año, no dan, precisamente, ejemplo de buena conducta. Quizá porque en su día no recibieron la educación familiar adecuada o porque en el club de formación no se lo advirtieron. Quizá no sea tarde todavía y puedan recibir un curso intensivo, en el que se les den consejos para evitar problemas de actitud, deportivos y personales, para saber comportarse en un mundo donde representan un modelo para los jóvenes. Estos, los jóvenes, observan que tienen un trabajo con el que se divierten, están muy bien pagados y gozan de reconocimiento social. Así que imitan su comportamiento y hacen suyos sus valores, pero también sus trampas o gestos violentos. Porque el fútbol también puede transmitir aspectos negativos. El entorno de los niños copia al fútbol profesional y por eso es importante que las grandes estrellas eviten actitudes inadecuadas.

 

Gran entrenador, pero mal ejemplo

El deporte actual necesita más ejemplos que estrellas. Hay buenos ejemplos en el fútbol formativo, pero no abundan ni se trasladan al mundo de la alta competición. Hay buenos ejemplos, pero se multiplican los malos. Las gradas vociferan e insultan a jugadores y árbitros. Los chicos copian malos modales de futbolistas adultos, haciendo callar al público, protestando al árbitro para que saque tarjetas al rival, simulan agresiones, festejan los goles bailando, animan en las gradas con cánticos absurdos... Se limitan a imitar aquello que ven a diario en su pantalla. En cualquier campo de fútbol de cualquier categoría lo podemos comprobar, es un espectáculo deprimente. Y, desgraciadamente, es el resultado de la educación que damos y recibimos, de la que todos somos responsables.

Johan Cruyff comentó sobre José Mourinho en una entrevista "es un gran entrenador, pero es un mal ejemplo”. Cruyff agregó que en el fútbol "hay cosas más importantes que la polémica sobre los resultados" y reivindicó los valores del deporte con la siguiente frase: "hay que educar a los jóvenes cómo se gana y cómo se pierde, lanzar un mensaje social y tener un papel en la salud de los niños, incitándoles a jugar en lugar de estar delante de un ordenador".

Los clubs de fútbol tienen que impedir que sus jugadores practiquen la violencia gratuita y el desprecio a los rivales. No se ganan millones al año solo por golear a los rivales o ganar campeonatos en el césped. Necesitamos algo más. Se llama educación. Muchos futbolistas han perdido el respeto al juego, a su profesión y al papel pedagógico que representan y por el que cobran; y las instituciones que dirigen y guían el fútbol son las que deben rectificarlo. La posición pasiva del club ante estos actos no es precisamente un correctivo que incentive al jugador a pensárselo mejor la próxima vez. Deben ir unidas las políticas anti violencia de las gradas, con los desprecios de las reglas de los jugadores en los terrenos de juego. Son todas imágenes negativas para nuestros jóvenes deportistas y los clubes tienen mucho que decir al respecto. Buscar remedios a base de sanciones a las estrellas que incumplan el reglamento puede ser una solución, ya que los jugadores representan a los clubes y estos, directa o indirectamente, a los aficionados.

 

Jugadores de fútbol que no representan una figura ideal

Lo que ocurre en el campo no queda solo en el campo, como suelen comentar muchos jugadores al terminar un partido. Lo sucedido en el terreno de juego queda grabado en la mente de todos los niños que están pendientes del televisor. Atentos a la jugada del partido, atentos al pisotón, al codazo, al escupitajo, al mordisco o al insulto y a la protesta de un jugador determinado. Los profesionales de la educación deportiva debemos ser los primeros en exigir a todos los equipos que forman las diferentes competiciones que den ejemplo de deportividad, a la vez que nos dedicamos a jugar al fútbol.

Nuestro deporte se nutre en gran medida de ética y obligaciones que los deportistas deben cumplir. Durante un partido de fútbol, los jugadores deben tomar muchas decisiones. No sólo tácticas, sino también éticas. El jugador siente un ligero golpe del contrario y puede optar o no por simular una agresión. Puede acatar o protestar una decisión errónea del árbitro. A la vez que piensa en disfrutar del juego, toma decisiones en función de valores como la honestidad, el respeto al contrario o la importancia del esfuerzo.

Los niños están en un periodo de formación clave en el que absorben todo lo que pasa a su alrededor. Interiorizan lo que les enseñan figuras de referencia como sus padres, entrenadores o futbolistas. La clave para enseñar valores es que prediquemos con el ejemplo. Es fundamental que seamos disciplinados, si queremos transmitir el valor de la disciplina, o que respetemos al árbitro, si queremos que nuestros pupilos y seguidores hagan lo mismo. Y que defendamos los mismos principios. Por mucho que nos esforcemos en comunicar valores como el respeto al contrario, si los profesionales no hacen lo mismo, de poco servirá, ya que muchas veces los niños toman como referencia a su ídolo en lugar de a su entrenador. ¿Qué puede pensar un niño que, desde su más tierna infancia, idolatra a unos ídolos que medios de comunicación convirtieron en estrellas, a pesar de verlos actuar como un mal ejemplo?

Los entrenadores debemos educar a nuestros discípulos en unos principios que se asemejen a los empleados por los padres dentro de la familia y que en ningún caso pasa por el odio al contrario, ni la agresión, ni el insulto, ni el de un mal gesto hacia el rival o hacia el entrenador. Desgraciadamente, gran parte de esta educación de los niños estará condicionada también por lo que hagan sus ídolos televisivos, y no solo por lo que demuestren en el campo de fútbol, también por lo que hagan fuera de él. Estas “estrellas” deberán cuidar su comportamiento hasta en su vida privada. Salidas nocturnas, fiestas y actividades extradeportivas harán de ellos buenos o malos ejemplos para los jóvenes. Los medios de comunicación también deben ayudar en este aspecto.

 

¿Eres un buen ejemplo para tu equipo?

Los niños se dan cuenta de que no siempre los entrenadores o padres predicamos con el ejemplo, pudiendo recriminarnos alguno de nuestros errores. Somos los que ocupamos el papel de dirección de grupo en nuestros equipos, pero también debemos ponernos en la piel del jugador, luchando contra errores y debilidades que cometemos. Necesitan que seamos su ejemplo a seguir, necesitan encontrar coherencia entre lo que les decimos y lo que hacemos.

Evitemos que los vicios de los entrenadores los repitan nuestros jugadores e intentemos que nuestras bondades se conviertan en el buen hacer de nuestro equipo. Si queremos desterrar pautas de comportamiento incorrectas, para que actúen responsablemente, debemos ante todo ser un buen ejemplo. Es importante saber respetar los derechos, necesidades e intereses del equipo, sin llegar a permitir que los jugadores hagan todo lo que quieran. Los niños necesitan la atención del entrenador, pero también límites firmes. Sólo así podrán orientarse en su entorno y tener una visión real de sí mismos, del grupo y del club al que pertenecen, para ser un ejemplo en el futuro.

 

Ídolos de nuestros jugadores

Todos necesitamos héroes, sobre todo los niños. Necesitamos buenos ejemplos y buenas personas a las que seguir, necesitamos ser guiados por el camino correcto. Vivimos junto a grandes personas que seguimos, personas que imitamos. Actuamos, vestimos e incluso nos peinamos como nuestros deportistas favoritos con la intención de imitarlos, simplemente porque corren más rápido, regatean mejor o marcan más goles que nadie. Queremos ser como ellos, porque son capaces de hacer lo que nosotros no sabemos o no podemos realizar.

Desde nuestra más tierna infancia somos educados bajo la dirección de nuestros padres, profesores y entrenadores, que nos instruyen con sabios ejemplos, con sus formas, con su educación. Personas sensibles en nuestra enseñanza, personas que tienen una gran responsabilidad con nosotros. Nos enseñan cómo hacer las cosas y sobre todo nos enseñan cómo hacerlo de la mejor manera posible. Son nuestros héroes, nuestros ídolos de la niñez.

Como entrenadores, debemos pensar que, de igual forma que tuvimos nuestras estrellas de niños, nuestros jugadores nos verán a nosotros como sus referentes. A veces, sin saberlo, seremos imitados por ellos y eso nos debe hacer más responsables todavía. Tendremos que saber cuidar, enseñar, educar y respetar porque, sin saberlo, nuestras actitudes o nuestra manera de hacer las cosas estará permanentemente idolatrada. Por ello debemos ser respetuosos, educados y justos. Tenemos que valorar y respetar a los que nos rodean, ya sea en el deporte o fuera de él. Y todo esto lo haremos por nosotros mismos y por nuestros alumnos, para que estos en un futuro no se conviertan en referentes negativos de sus seguidores.

A nadie le gusta ver cómo los ídolos actuales faltan al respeto a otros, se rían o insulten en la celebración de un gol o por no haberlo metido. A nadie le gusta ver como esas personas son malos ejemplos para hijos o alumnos. Debemos hacerles ver a los idolatrados que son el reflejo de los demás, de todos los que los siguen. Debemos inculcar en los niños, y también en los mayores, que cuando destaquen en el deporte, deben hacer que se sientan orgullosos de ellos, igual que nos sentimos nosotros como padres o entrenadores.

Eduquemos a los niños con el ejemplo, para sean un ejemplo en el futuro. Que jueguen al fútbol, que corran, pasen, controlen, conduzcan, regateen y golpeen el balón, pero que lo hagan con el corazón. Que no pisen a los demás cuando caigan, que los ayuden a levantarse. Entonces se sentirán bien, respetados y valorados. Si desean ser grandes futbolistas, primero deben ser grandes personas. Primero deben querer serlo, después deben conseguirlo y al final deben intentar que los demás lo vean. Si no es así, solo serán campeones, pero también serán malos ejemplos y, por tanto, malos futbolistas.

 

Pedro Meseguer Díez, Técnico Deportivo Superior de Fútbol y Entrenador Nacional

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