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>>>> Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos
09/12/2011

1.- La disposición y la confianza del educando hacia el educador  o entrenador no es un reto a incentivar si no que se da. En primera instancia el educando es dócil a la actuación del educador. Para que se mantenga esta disposición tener en cuenta que esta relación se establece entre dos personas situadas en diferentes niveles de madurez y formación por eso el educando valora más quién comunica que lo que se comunica. Esta autoridad hay que cuidarla con obras y con coherencia, no sólo con palabras, si no al final se limitará a una relación meramente formal.

2.- “Para ayudar a un sujeto, primero necesita ser comprendido. La comprensión de los jóvenes viene a través de escuchar, escuchar y escuchar” (García Hoz). Los educandos necesitan tiempo para que poco a poco vayan abriendo su intimidad. Cuando el alumno es genuinamente recibido o tratado como un ‘tú’, la palabra del docente opera con eficacia y crea una respuesta emocional de acercamiento y deseos de responder.

3.- La disponibilidad sin límites no es formativa. El educador eficaz necesita tiempo de estudio y reflexión. Su labor no se limita únicamente al consejo, ha de formarse a su vez. Con más motivo si se trata de adolescentes ya que en estas edades, debido a sus cambiantes estados de ánimo, a veces, buscan más ser escuchados que dejarse orientar. En este caso quedar con él para más tarde y hacerle ver que la eficacia no radica en la inmediatez si no en la serenidad. Con ello logramos que el educando valore el tiempo del profesor y se encuentre más dispuesto para acoger los consejos y dejarse ayudar.

4.- La ejemplaridad o la cercanía al educando no significa sustituir al educando en sus deberes. Se equivocaría el educador que, por un falso deseo de ayudar, se olvidara de que lo que pueda hacer el educando lo hiciera él. La subsidiariedad, contraria al paternalismo, supone dejar que el educando intente cumplir sus responsabilidades por mucho que le cuesten.

5.- El cuidado del porte personal hay que centrarlo siempre en la relación con los demás. Quién interactúa con nosotros es siempre una persona digna y respetable. Independientemente de las simpatías o afinidades toda relación exige respeto y afabilidad ya que vivimos en sociedad y de forma natural se establecen éstas.  El aseo corporal, la limpieza de la ropa, el pudor en el vestido, la disposición del cuerpo encuentran su sentido precisamente en que lo importante de toda relación personal es llegar a la intimidad de la persona y poderle ayudar cuando lo necesite.

6.- Es propiedad de la acción humana estar abierta a muchas posibilidades, pero aquella se específica, se concreta siempre en un espacio o lugar determinado. Es en ese “donde” donde la persona pone en práctica sus talentos. El ejemplo es un hábito que implica la inteligencia, la voluntad y la libertad. La inteligencia supone poner en práctica todos nuestros conocimientos; la voluntad intenta actuar siempre buscando la verdad y el bien de los demás y la libertad implica buscar mejorar en cada acción. La posibilidad de mejorar y de ayudar a los demás a superarse es el límite de la incumbencia.

7.- La competencia pone la atención al medio y al fin. No importa que medios poner para alcanzar el fin previsto  que habitualmente suele estar medido en términos de renta, estatus o bienestar. La competencia estimula el individualismo ya que todo se centra en la meta a conseguir y dejar de lado otras realidades de la persona. La persona competente es aquella que ha sido educada para actuar, responder, desarrollar y discernir las posibilidades de su entorno para convertirlas en realidades. El educando ha de entender que su vida tiene un valor, no por las metas o fines logrados, sino porque es capaz de comunicar solidaridad, ayuda, afecto, que son elementos que forman parte del crecimiento personal y de la sociedad.

8.- Las personas son una unidad tanto en el pensar como en el actuar. Es cierto que la vida privada y la vida pública no se deben mezclar pero tampoco se pueden separar. Otra forma de vivir supondría una esquizofrenia difícilmente aguantable. La sinceridad de vida lleva a que las personas sean equilibradas y se muestren tal y como son. El ejemplo que transmitamos estará siempre mediatizado por la forma en que nos comportamos y pensamos. Una persona no es lo que dice o lo que piensa sino lo que es.

9.- La ejemplaridad tiene un componente ético porque supone un comportamiento que influye en la conducta de los demás. Este predicamento, si esta dirigido al bien, no coarta la libertad de las personas sino que las hace más libres ya que la auténtica libertad esta en escoger lo correcto en cada momento. Con su actitud ética el educador no solo garantiza el aprendizaje sino que forma a la persona del alumno.

10.- La persona ejemplar es sensible a lo que ocurre en su entorno, ya que la sencillez lleva a amar y uno cuida aquello que ama. La preocupación de ser ejemplar hace a la persona más sencilla, desprendida de sí misma, ya que no esta tan pendiente del que dirán como de aquello que puede transmitir a sus educandos.
       

 

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