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>>>> Emociones morales: la culpa y la vergüenza.
16/09/2009

¿Existen las emociones morales? Si existen, ¿qué son? Los psicólogos contemporáneos
están investigando cuáles son y cómo surgen determinadas emociones asociadas a la
moralidad: la empatía, la culpa, la vergüenza, el orgullo. Son emociones en sentido
estricto, es decir, son reacciones químicas del cerebro, causadas por sensaciones, ideas o
recuerdos, que nos ayudan a enfrentarnos a distintas situaciones. La palabra emoción
viene del verbo “mover”, lo que implica actuar. Todas las emociones son impulsos para
actuar, a través de gestos, actitudes, palabras o acciones.

Ahora bien, las emociones morales, ¿qué tienen de específico? Tienen que ver con el
mundo social, y dentro de él, con el mundo de la moralidad. Cuando un niño siente culpa
o vergüenza por algo que hizo, esta emoción está disparada por una serie de pensamientos
relacionados con ciertos estándares morales que, en este caso, él no respetó. El niño evalúa
su comportamiento, elabora un juicio interno, y siente culpa o vergüenza, lo cual lo
“mueve” a actuar.

¿Cuál es la diferencia entre la culpa y la vergüenza?

Tanto la culpa como la vergüenza son estados internos de incomodidad, fracaso o
arrepentimiento ante la evaluación del comportamiento propio a la luz de ciertos
estándares morales. Pero una diferencia fundamental entre ambas experiencias está dada
por la atribución –que puede ser específica o global- a la hora de emitir el juicio interno. En
el caso de la culpa, la atribución es específica, es decir, el juicio se realiza sólo sobre la
acción realizada. Un niño con culpa podría pensar: Lo que hice es malo porque lastimó a mi
amigo. Dado que el comportamiento es mejorable, el niño con culpa “se mueve” para
reparar el daño cometido. En el caso de la vergüenza, la atribución es global, es decir, el
juicio recae sobre la persona toda, y no sólo sobre el comportamiento que realizó
determinada acción. Un juicio que lleva a la vergüenza podría ser: Soy malo. Dado que es
muy difícil mejorar a la persona toda, el deseo inmediato del niño con vergüenza es el de
desaparecer. El estado de vergüenza conlleva la interrupción de la conducta, la confusión
del pensamiento y una inhabilidad para hablar. Muchas veces el niño con vergüenza
expresa su estado achicando su cuerpo, encorvando la espalda o bajando la cabeza.

Otra diferencia entre la culpa y la vergüenza es su relación con la empatía, o capacidad de
ponerse en el lugar de otro. Existe una relación directa entre la culpa y la empatía, lo cual
no ocurre con la vergüenza. Es decir, cuando un niño siente culpa es porque
probablemente sienta empatía por la víctima e intente reparar el daño cometido. Cuando
un niño siente vergüenza, probablemente no sienta empatía por la víctima sino angustia
por haber roto un estándar moral y tal vez cierto miedo al castigo. Al no sentir empatía, el
niño no intentará reparar el daño cometido.

¿Podríamos afirmar, entonces, que la culpa es “mejor” que la vergüenza? De alguna
manera sí, en cuanto que un niño con culpa es más propenso a reparar el daño cometido
que un niño que siente vergüenza. Un niño que ha aprendido a reparar el daño será un
niño moralmente más maduro.


ME M. Lourdes Majdalani

Centro para el Desarrollo Moral
Fundación Majdalani

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